Pont Major, de ruina a hogar.
Rehabilitación de una vivienda entre medianeras en Girona. La vivienda original está formada por dos cuerpos principales, unidos por un tercer cuerpo lateral más pequeño. El conjunto constituye una casa de más de 30 m de largo y solo 4,5 m de ancho, con un patio alto y estrecho que se genera entre los tres volúmenes. La vivienda se encontraba en estado de ruina, con graves problemas estructurales y de agua en cubiertas, medianeras y forjados.
El objetivo principal de la actuación es, paralelamente a la rehabilitación integral de la vivienda, reducir la sensación de estrechez que provocan las dos largas medianeras y maximizar la entrada de luz natural. Esto se consigue rebajando la altura de los dos volúmenes interiores, que pasan a tener una y dos plantas respectivamente, y también creando un nuevo patio interior de tres alturas dentro del cuerpo del volumen principal. Así, se genera una secuencia de patios a lo largo de los 30 metros lineales de la casa, que interrumpen la volumetría masiva y cerrada de la vivienda original y permiten la entrada de luz natural a todas las estancias. Esta idea marcada de patios se refuerza con la plantación de vegetación en estos volúmenes de aire verticales, de manera que, al recorrer la vivienda linealmente, se crea la ilusión de entrar y salir de ella.
El programa de la vivienda se organiza por plantas: en la planta baja se distribuyen los espacios de día, en contacto con la naturaleza y los espacios exteriores. En la primera planta se sitúan los espacios para los padres —habitación, baño y estudio—, y en la planta superior, los espacios y habitaciones para los niños.
Los acabados y materiales empleados buscan ser honestos y no ocultan ni la preexistencia ni las actuaciones estructurales realizadas en la casa: se muestran las medianeras de piedra de río, las bóvedas de pañuelo de ladrillo cerámico y se mantienen los pavimentos existentes allí donde es posible. También quedan a la vista los refuerzos y acciones estructurales realizadas: forjados de madera, vigas in situ de hormigón, apeos metálicos o las capas de compresión de hormigón coloreado, que aportan estabilidad y peso a las bóvedas, vinculan horizontalmente el conjunto con las medianeras y actúan también como pavimento acabado. Allí donde se decide revestir las paredes existentes, se hace con mortero de cal en los espacios servidos, y con microcemento y alicatados en los espacios húmedos.
Climáticamente, la vivienda funciona aprovechando la inercia térmica de la que dispone, gracias a la gran masa que representan las medianeras y los forjados abovedados. Así pues, en verano, el interior se mantiene fresco gracias a esta gran masa térmica, que se ha enfriado durante los meses previos a la llegada del calor, y se refuerza la ventilación cruzada con lucernarios practicables en cubierta, garantizando confort en todas las estancias. En invierno, el suelo radiante calienta la planta baja, y en las plantas superiores hay radiadores. La calefacción se impulsa mediante un sistema eficiente de aerotermia.